“Aquí me ven, pero siento que me fui con mis nietas”, abuela de garífunas asesinadas

Aquí me ven, pero… La abuela que entierra hoy a sus dos nietas, había perdido también a sus dos hijas, madres de las dos infortunadas de hoy.

Puerto Cortés, Honduras 20 de enero de 2023.- Cinco días después del trágico final de tres mujeres, cuyas vidas fueron cegadas por balas, la abuela de dos de ellas, sobrevive a lo más parecido a una horrible pesadilla.

Se llama Raymunda Álvarez, 79 años, originaria de Sangrelaya en el departamento de Colón, con residencia de larga data en Puerto Cortés.

El sábado anterior, 14 de enero, por la noche vio por última vez a sus dos nietas: Ana Castillo de 19 años y Janahira Castillo de 23. Ambas salieron a pasar un rato ameno en la vigilia del Cristo Negro de Esquipulas en la comunidad garífuna de Travesía.

Desde luego, las abuelas asumen que serán los nietos quienes los velarán a ellas, no al revés, pero Raymunda Álvarez, no solamente tiene que velar a sus dos nietas, sino que tuvo que velar a dos hijas, madres de las infortunadas de hoy.

Ana y Janahira, eran las que movían la pequeña casa, eran la luz la alegría y la vida. Especialmente Janahira, proporcionaba el sustento a su abuela, también velaba por sus medicinas. 

Y es que, a su edad, las capacidades físicas de doña Raymunda merman, de modo que la energía la ponían las dos nietas que crio desde muy niñas.

Doña Raymunda Álvarez, tiene otro hijo, pero vive de la rebusca. Hay que ayudar a esta señora

El 911

El sistema de emergencias 911 registró la denuncia del crimen de Ana, Janahira y su amiga Crysti a la 1: 30 de la madrugada del domingo 15 de enero.

La Policía fue al lugar y al llegar vieron los 3 cuerpos en el suelo, justo de tras de la ‘discoteca Larubarana’, señaló el reporte de los oficiales.

Mediante una llamada la noticia le llegó a un hijo de doña Raymunda y éste se la transmitió a su madre, a partir de ese momento, una parte de ella murió también.

E iniciaron preguntas ¿Por qué?, ¿por qué una vida tan trágica? Primero enterrar a dos hijas y ahora a enterrar a dos nietas. Su única hermana también murió.

Y mientras por su cabeza trascurren un sinfín de pensamientos ya habla ella, sino el dolor.

“Aquí me ven, aquí ando, pero siento que me fui con mis nietas”.

Para más inri, tiene problemas de salud, en primer lugar, diabetes y luego Alta presión.

Su cuerpo curtido por muchas batallas ya luce frágil. Tiene además una úlcera en su pie derecho. Sus delgados brazos, esos que actuaban para lavar ajeno, ya perdieron las fuerzas.

La casa del dolor

En cuanto a su casa, está en las inmediaciones de la colonia Portuaria. Hay unas cuantas cositas dentro, algunas ollas retorcidas y paredes deformes por el paso del tiempo, el sol, la lluvia y el calor.

En ese ambiente lúgubre, la sensación de la terrible tragedia se impregna hasta en los pedazos de hilos de coser. Un espacio en donde el llanto es el único consuelo.  

Lo de la lluvia, es serio porque cuando se viene entra directo por algunos agujeros en el techo.

El lunes fue enterrada Janahira que deja una hija de 7 años, la niña vive con la familia de su papá.

Mientras tanto, la historia alcanza otros matices, Ana, la otra nieta asesinada no tiene identidad oficial, no fue registrada ante el Registro Nacional de las Personas. En otras palabras “no existe”.

Para sacarla de la morgue fue necesaria asistencia por parte de la Municipalidad de Puerto Cortés.

Tanto pesar y dolor en la espalda de una abuela enferma, doña Raymunda Álvarez.

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