Honduras: Julieta Castellanos y cómo se rescató el Hospital Escuela

Por: Mildred Janeth Tejada Canaca                             
                                                                                                                                                                                      Tegucigalpa, Honduras. 18 de julio de 2012.- Sinceramente escribo poco, solamente lo hago con sucesos que realmente me motivan a hacerlo, pero la admiración y el respeto que siento por la señora rectora Julieta Castellanos, me han motivado a hacerlo hoy y tomo como titular lo relacionado con el traspaso de la administración del Hospital Escuela a la Universidad.

Vivimos tiempos tan difíciles en nuestro país que muchas veces las cosas malas opacan nuestra vista y no nos permite ver ejemplos de buenas cosas que se hacen, tenemos una sociedad polarizada, una sociedad herida y muchas de las afrentas tienen objetivos partidarios.
Los medios de comunicación nos muestra “la Noticia”, pero en la decisión de lo que es o no noticia se pierden muchas acciones positivas. En el marco de toda esta radiografía de país, hay gente que está tratando de hacer bien las cosas, todavía hay gente que piensa en mis hijos y en los suyos, todavía habemos muchos que no queremos emigrar porque tenemos la esperanza que Honduras puede cambiar y sin ánimos de darle la voz a la propuesta partidarias de la actualidad, que en su mayoría están llenos de mensajes vacíos y cuentos repetitivos, quiero escribir sobre el trabajo que doña Julieta ha hecho por Honduras, por la Universidad, la cuál tuve la oportunidad de volver como maestra y percibir en la mayoría de los y las alumnas orgullo por su Universidad.

Una universidad que ya no está ensombrecida por las huelgas continuas y los paros, La UNIVERSIDAD HOY ES DE LOS ESTUDIANTES, NO DE LOS EMPLEADOS. Estoy casi segura que habrán algunos (que no son mayoría) que van a diferir de mi opinión, pero solo el árbol que da buenos frutos recibe piedras. Y cuando decides poner orden en una casa, en un negocio, en una organización, o en país, no es del todo agrado para aquellos que con sus viejas mañas son perjudicados. Señora Julieta, usted es una mujer valiente, usted es un orgullo para los hondureños, si todos o todas las funcionarias de un gobierno nos representarán como usted, definitivamente este país tendría otro rostro.

Yo no la llamaría la dama de hierro, pues tampoco estoy de acuerdo en compararla con una mujer tan dura y las comparaciones nunca son buenas, pero en nuestro sexo (por construcción cultural)  mujeres de temple, de decisiones firmes, con voz suave y paciencia determinante en puestos de decisión, no son muy frecuentes. Ayer pude presenciar como más de 400 personas en un auditorio le aplaudieron al salir, el aplauso era una muestra de aprobación a su accionar, a su voz, a su imagen y a su credibilidad.

Incluso tanto medios nacionales como internacionales reconocen su valor y capacidad, lo que me demuestra que no es pagando planillas ni repartiendo pescaditos frescos en semana santa que una persona puede ganarse el respeto del gremio periodístico. Primera vez en mi vida que veo a una funcionaria resguardada por seguridad personal y me siento aliviada, me siento tranquila porque la protegen, pero también así la protegemos la mayoría de los hondureñas y hondureños honestos de éste país. Usted además de capaz y valiente, es una buena gerente, pues sabe rodearse de equipos de profesionales comprometidos con la causa. Ha sido la UNAH, también la policía y el reto de hoy es el Hospital Escuela.

Ese hospital donde me tocó pasar más de un mes hace dos años para acompañar a mi tío que fue atropellado, yo que me consideraba hasta ese entonces de clase media, me di cuenta que la salud es mi país tiene un precio que solo la gente rica puede pagar, para ese entonces poder sostener a mi tío una semana en una clínica privada me costaría medio millón de lempiras. Yo quiero sentirme orgullosa de mi hospital, yo quiero bailar con pelucas en una acera de felicidad de saber que tanto yo como mi familia, amigos, vecinos podamos tener un hospital con una atención en salud sino es  de calidad, al menos una atención en salud humana, respetable y digna.

No quiero escuchar testimonios tales como “fíjese que aquí antes daba el servicios de rayos X, pero vinieron unos grandes y se llevaron el equipo para sus clínicas privadas” o historias como “Esta es la receta, pero todo lo debe comprar afuera porque aquí solo hay acetaminofén”. Pero hoy ver bailar a los empleados con pelucas, ver el trato y la emboscada que le hicieron me ofende, ofende a un país entero.

REGRESENOS EL HOSPITAL señora Castellanos y una gran mayoría de hondureños y hondureñas que vivimos en una burbuja porque creemos que pagar una consulta de 800 lempiras en un hospital privado es ser clase media, es una gran mentira. REGRESENOS EL HOSPITAL señora Castellanos, por que allí vamos a dar todos aquellos y aquellas que no tenemos IHSS. En lo personal a mí ya me regresó la esperanza de que este país puede cambiar, pero con acciones, no con mensajes vacíos y promesas sin cumplir.

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