Honduras: ¿Quién es nuestro Mandela?
Homenaje funebre a Mandela en el Estadio de Soweto

Tegucigalpa, Honduras  12 de diciembre de 2013.-  Tres días para terminar de digerir que el abuelo Nelson Mandela se había
ido de este mundo, incluso renuncié a ver reportajes posmorten para no
inundarme de nostalgia, de esta manera declaro mi gran admiración por su  humanidad y trayectoria, lo que sí me asalta
es, ¿Quién sería, más o menos, el Mandela de Honduras?

¿Habrá alguno?
Alguien que se ponga a la cabeza de su pueblo, que luche por él. Una
persona que no traicione las posiciones de su pueblo, que ame a los suyos como
a él mismo. Alguien que no se conforme con haber satisfecho sus metas
personales. Alguien que trate al más humilde de la misma manera como al más
encopetado, alguien que esté dispuesto a enmontañarse por causa de su pueblo.
Una persona que aguantaría 27 años sin claudicar. Una persona a la que otras
miles la sigan, que el público calle cuando esa persona pida silencio. Una
persona que luche contra el poder establecido. Alguien cuya foto o pintura la tengan miles de personas en sus casas u oficinas.
Todo eso y más lo era Nelson Mandela, pero lo más formidable que encuentro
en él es su convicción de que un día terminaría el régimen brutal de minoría
blanca que tenía a la mayoría negra como ciudadanos de segunda categoría. Es difícil
ser persistente, lo más fácil es doblegarse y aceptar las cosas, renunciar, ¿Para
qué luchar si de todas maneras mis hijos están bien, mi esposa está bien y yo
lo tengo todo? Así pensaría una persona normal.  ¿Cómo
voy a renunciar al lujo y al poder?
Cito a Bertolt Brecht  “Hay hombres que luchan un día y son
buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos
años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los
imprescindibles”.
Eso es cierto, pero la forma de lucha y la
personalidad de Mandela, sobrepasa lo planteado por Bertolt Brecht.
Aún cuando todo indicaba lo contrario, Mandela siempre pensó que habría una
mañana de felicidad, pensó en la igualdad de blancos y negros, en que un día finalizaría
la lógica separatista que sembraron los demoniacos europeos en Sudáfrica y él estaría
ahí para verlo. Mandela incluso miró, quizá más de los esperado con Obama, un
negro siendo Presidente de la nación más poderosa del mundo.    
La vida de
Mandela es, sin dudar la
lección más grande de perseverancia que haya conocido la humanidad. Aún y
cuando todo estaba perdido se negó a dar un paso al costado, todo al contrario siguió
alimentando su concepto de “algún día”, pues por fin llegó ese día y Mandela dejó
de ser presidiario para convertirse en Presidente de Sudáfrica (1994-1999).

Mandela en su campaña histórica rumbo a la Presidencia en 1994

 Pero ahí no había terminado Mandela su causa, faltaba unir a su país y lo logró,
perdonó a sus enemigos y reconcilió a los dos sectores en pugna. Quizá sea
exagerado decir que luego de Jesucristo este es el perdón más grande que haya
existido. Cristo expresó, “Perdónalos que no saben lo que hacen”. Mandela perdonó
y reconcilió. Siguió su camino para dar empelo digno a sus compatriotas,
justicia social, educación, alimentación, vivienda; progreso para todos.

Trayendo esa historia a nuestra realidad la comunidad garífuna de Honduras,
tiene un potencial enorme; con la riqueza de los recursos naturales, con la
inteligencia humana y una cultura especial por la vida. Aún con todo eso,
nosotros, los garífunas seguimos perdiendo el tiempo, estamos divididos,
peleándonos y discriminándonos, como si esa fuera la solución.
Causa estupor como muchos de los que se jactan con Mandela y se presentan
como grandes Mandelistas,  se comportan
como lo hicieron los verdugos de Mandela: discriminan, sectarizan, traicionan, abusan.
Se olvidan de donde vienen, dan la espalda a su pueblo, exponen ínfulas de
grandeza y abrazan causas malignas contra su propio pueblo.
Solo ellos quieren tener empleo bien remunerado, solo ellos quieren ganar;
solo ellos quieren tener vivienda digna; solo ellos quieren ir al doctor y llevar
a sus hijos a escuelas bilingües; solo ellos quieren comer bien  ¿ y los otros?    
El camino es sencillo trabajar juntos en unión, con amor a su pueblo,
amando al hijo del vecino como si fuera nuestro propio hijo. No pensar en mí
antes que en nosotros. Estamos en un momento histórico de gran volatilidad
nacional, necesitamos decisiones firmes para afrontar y confrontar a nuestros
rivales. Urgimos abandonar la diatriba, la envidia y el egoísmo, necesitamos
remar hacia una misma dirección. Nos salvamos todos o nos hundimos todos. Es así
de cruel.
Queda entonces la pregunta abierta ¿Quién sería el Mandela de hoy? Habrá uno,
una o varios, varias.

Hay que leer las 8 reglas de liderazgo de Mandela

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