Tegucigalpa, Honduras 7 de febrero de 2018.- Si no recuerdas la más ligera locura en que el amor te hizo caer, entonces no has amado expresó el más importante escritor de la lengua inglesa, William Shakespeare. Pero el amor puede ser aún más sublime de lo que decía Shakespeare, como el de aquél que sigue enamorado de su pareja muerta. Ese es el verdadero amor.
Seguir sintiendo el calor y olor de su amor, aunque ya esté en la paz del Señor. Hablar solo, abrazar al aire. Sonríes sintiendo su presencia y escuchas tu voz y hasta sentís el lado tibio de la cama. Es la experiencia que vive mi amigo Luis.
La historia de amor
Estaba sobre un comedor disfrutando de unas alitas, cuando de pronto adviertí el movimiento de un hombre, como jugando al cazador, cazado, de inmediato lo identifiqué: era Luis, el abuelo (así le decimos) coincidíamos con él cuándo yo salía a reportear deportes.
El abuelo es camarógrafo, tenía tiempo sin verlo. Ahora lo encuentro un poco cabizbajo, como falto de espíritu.                            El ser humano está compuesto de cuerpo y alma pero él, solo era el cuerpo. Su ropa desteñida, unas grandes ojeras y su piel clara, pero bronceada por el sol. Se ve desde lejos que la vida le ha jugado una mala pasada, tiene la historia de amor más triste.
Hola Kenny, cómo estás? – Bien le digo-
Me preguntó si continuaba trabajando en el mismo lugar a lo que contesté positivamente. “Ayúdame a conseguir trabajo”, me dijo. Pero cómo, le dije, si más bien en cualquier momento me despiden, -De verdad- me dice, esta fea la cosa, agrega. Sí, le digo, pero estoy iniciando mi propio proyecto.
Ah pucha, que bien, yo sí estoy jodido, se me murió mi esposa, vieras como me hace falta. Le dio un derrame, se complicó y murió, la enterramos en Valle de Ángeles, vos vieras y yo sin trabajo. No tenía ningún peso y mira que con esa crisis política, no pude siquiera ubicar a ningún diputado que me ayudara.
Otra historia de amor: Mi primo mexicano del Mac Donald 
Luis, el abuelo sigue nostálgico: “Aquí anduviéramos con ella haciendo las compras de la Navidad“. Mírame aquí ando solo. Es difícil cuando la esposa se le muere a uno. Ah y me dejó una niña de 5 años. Mi hija le pasa preguntando a su abuela, qué donde está su mamá.
La abuela le contesta que está en el cielo. Eso me duele, me duele en el alma. En el momento que lo dice se quebranta y un llanto contenido evita que siga hablando con fluidez, se para por un segundo y dice…. “y yo sin pisto sin poder comprarle estreno a la niña”.
Un padre sin esposa y una hija sin madre. La historia de amor entre la niña y su madre que ya no está, es otra dimensión de dolor. Uno ama a su madre y no tenerla, no es fácil y menos para una pequeña de 5 años.
Horas antes de encontrármelo mi amigo había ido a traer a la niña y la había dejado en casa de su hermano para que se divirtiera con sus primos. Mi amigo lamenta que al ser sus sobrinos varones, tampoco con ellos pueda conseguir un vestido para su tesoro. Justo cuando habla de la niña le llaman por teléfono, y dice que debe irse porque su hija está llorando. Se despide, corre al baño.
Al regresar él, supe de su propia boca que había entrado al supermercado solamente para usar el baño, no a comprar.
En nuestra sociedad vemos la muerte como un hecho futuro, cuando en realidad cada minuto que pasa estamos muriendo; cada semana, cada mes o año. Tenemos la insistencia de vivir como si fuéramos eternos, debemos vivir, amar, servir, construir un legado. La muerte es ahora, está sucediendo.
Mi amigo, enamorado de su esposa muerta, dice: como quisiera volverla a ver, aunque fuera por un minuto. Y su hija de 5 años, la que pregunta donde está su madre, es su tesoro. La historia de amor más triste.

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