Ante la dificultad que implica la falta de una defensoría del lector o de otras instancias que nos protejan del canibalismo reflejado en notas periodísticas o artículos de opinión, estoy preparando una propuesta para la creación de un observatorio tendiente a estudiar los usos lingüísticos con connotaciones raciales que se difunden a través de los medios de comunicación de Honduras.

En Latinoamerica tenemos que darnos cuenta de cuanto racismo provienen de las páginas que leemos. El modo de producir una nota o artículo periodistico refleja mucho, de lo que somos, de la sociedad que lo tolera y del medio que lo publica.

Estoy seguro que este estudio ayudará a muchos a superar los errores de fábrica impuestos desde nuestro modelo educativo y de los malos resabios adquiridos en nuestros hogares, lo que estaba lejos de imaginar es que uno de los primeros en necesitar este reforzamiento sería el mismísimo César Quezada, un hombre que se vende como un intelectual, hombre con mentalidad universal, diplomático, prominente escritor de muchos libros y periodista.

En el inicio de su artículo “Lo que le falló a Rueda”, publicado en Diario Tiempo de la ciudad de San Pedro Sula, Honduras, Quezada anuncia el primer eslabón de lo que sería un artículo impublicable si estuviéramos en un país normal, dice “también responsabilizo al amigo Germán Quintanilla por andar solicitando los artículos con tanta antelación”.

Luego, la brillantez espontanea del escritor elude de forma peyorativa y prejuiciosa a dos seleccionados garífunas(pueblo negro de Honduras) de fútbol en el marco de un lamentable suceso al final del juego Honduras –Suiza, señala que “Pero no todo terminó allí, no podía faltar la paradisíaca postal: En esta foto David Suazo “esconde” un balón bajo su camiseta, imitado por Walter (Pery) Martínez que también esconde el suyo. Y se ve a Walter detrás de Suazo, quien le hace una desdeñosa mirada como en competencia de panzas. Parecen dos mujeres garífunas embarazadas, solo falta que Guillermo Yuscarán, el gringo-hondureño, les pinte un palo de coco y una puesta de sol, entonces cualquiera diría que son dos señoras en avanzado estado caminando por las playas de Corozal, pidiéndole a Satuyé, que de esos partos florezcan dos estrellas del fútbol”.

Hábil como una cobra, Quezada tiene la capacidad de regar su veneno cuan si fuera una “bomba atómica” y dice “Al menos queda el aprendizaje para Rueda o cualquier otro entrenador del futuro, que primero deben ser las aulas y después las canchas”.

Lo que encontramos de Quezada es que incumple su propia regla, porque en el mismo artículo receta una “extirpación profunda, misma que sólo puede curarse con la educación”. Es la típica escena de alguien que brinda consejos y se queda sin ellos. Da la impresión que no se toma en serio y se falta el respeto, más que a los garífunas.

Si estamos en el plano de convertir a Honduras en una nación civilizada, bueno sería recordarle a Quezada y a su co-responsable Germán Quintanilla que en cualquiera de los géneros periodísticos no valen los insultos, ni las descalificaciones groseras, mucho menos frases con connotaciones raciales.

Aún cuando tenemos respeto por la subjetividad de los artículos de opinión y la libertad de expresión, seguimos defendiendo el proceso de una patria con respeto para todos, no solo para Ustedes, exigimos la implantación de un sistema de auto-freno que a la larga se convierta en una positiva influencia para el público y que sea el aval para llamarlos “Orientadores”. No más ofensas al pueblo garífuna.

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