Lidia Andino: ¿Y ahora quién nos salvará en noviembre?

Lo que pasó el domingo 14 de marzo solo nos hace pensar en otra «movida» para las elecciones generales en noviembre.

Primero fue en el 2017 cuando se fue el sistema y la luz, ganaba un candidato y luego apareció ganando otro.

Lo de las elecciones primarias, se volvió hablar de fraude, de inconsistencias, irregularidades, de conteo acta por acta, salieron vídeos de personas inescrupulosas llenando actas, en fin, otra vez fue manchado un proceso electoral.

Esto empezó mal desde que el Consejo Nacional Electoral (CNE) se fue a dormir el 14 de marzo sin dar ningún resultado. Y pasaron más de 60 horas hasta que dieron el primer recuento de votos.

Algo inédito. Jamás pensado. Un retroceso total a la ya golpeada democracia. Una burla a un pueblo que ese domingo se levantó temprano muy animado, que amaneció con ganas de salir a votar de manera masiva pese a la pandemia, con fe, esperanza, haciendo patria, pero su decisión no fue respetada.

Sencillamente, por más discursos de transparencia y de «rotundo éxito» que dio el CNE, sus acciones dieron el pase libre a las especulaciones. Y no solo un partido se quejó, sino que fue general.

En un país donde no hay justicia, donde sacan corruptos por el nuevo Código Penal, donde trafican con la salud, donde roban en plena pandemia, donde los crímenes quedan impunes, donde no hay esperanza y migran a otro país, donde matan la democracia en una urna… ¿Qué podemos esperar para noviembre? Porque está claro que el CNE cayó en el descrédito.

Porque está claro que aquí ya no hay capacidad para llevar un proceso electoral creíble y transparente. Porque solo en Honduras, la tecnología es un retroceso total. Porque en los países de la región nos dan ejemplo de cómo se hace unas elecciones que en cuestión de horas hay resultados y nunca se habla de fraude. Eso me indigna y molesta.

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Duele también que en Honduras todo se vea normal. Que se acepte esto como algo común y seamos indiferentes.

Pero sí. Es normal que una pedagoga sea la ministra de salud, o que un ingeniero sea el ministro de educación, o que una odontóloga fuera ministra de turismo. Sí, y así hay muchos ejemplos.

En Honduras pasan estas cosas y aquí no pasa nada. En Honduras todo seguirá igual porque ya nada lo supera.

La democracia la mataron hace tiempo y aquí no pasa nada.

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