Coni Lustenberger se enamoró de la cultura garífuna  y es capaz de hacer casabe, machuca y hasta bailar wanaragua
Tegucigalpa, Honduras 3 de julio de 2017.-  Si estas dentro del océano, comprenderás que las mareas te llevan donde ellas quieren. Eso parece acontecer en la vida, cuando terminas en lugares que nunca imaginaste. Coni Lustenberger, puede ser un buen ejemplo, nacida en Olten, Suiza hace 52 años, ha logrado insertarse en la comunidad garífuna, como que toda una vida hubiera vivido en ella.
Son los azares de la vida, donde muchas cosas se producen sin querer. Pregunté a Coni Lustenberger si estaría de acuerdo con el titular “una suiza con alma garífuna” y de inmediato dijo, Sí. “Me siento identificada con ese titular”. De lejos, su presencia inconfundiblemente europea, muestra que lo suyo es una mezcla, mitad aventura y mitad inquietud social. Ella lucha por los derechos humanos, bienes comunes y recursos naturales. Sus planteamientos aparentemente sencillos, guardan doctrinas milenarias “El tener no determina tu ser” y la vida es una universidad.
“Tengo 22 años de vivir y trabajar como voluntaria en Honduras. Inicié en Tegucigalpa con niños de la calle, luego me mudé a La Ceiba, para ser voluntaria en la Organización de Desarrollo Étnico Comunitario, ODECO. Siempre me ha gustado conocer otros países y culturas a través de la vivencia y del trabajo”, dice Coni que habla 4 idiomas, suizo-alemán, alemán, inglés y castellano, se sabe también muchas palabras en garífuna.
Instalada en La Ceiba, decidió  posteriormente adentrarse más allá en las profundidas del departamento de Colón, se fue a vivir unas semanas a Tocamacho y Plaplaya departamento de Gracia a Dios, ahí aprendió a trabajar en el monte especialmente en relación a la yuca y la preparación de la cazabe, aprendió también a hacer machuca y a pescar.
Es un mundo totalmente diferente al que ella experimentó en su infancia, cambió la gélida Europa por el calor del trópico, un ambiente hospitalario con sabor  a vida, donde abundan las sonrisas, donde se estira el tiempo y los vecinos son capaces de protegerse y relacionarse como familia. Coni sigue su vida ayudando a la gente y pasándola bien con esa dosis de locura que a todos nos acompaña cuando le tomamos cariño a algo.
Consultada sobre cuál es el elemento cultural que más le agrada de los garífunas, no supo decir solo uno. “Me ha gustado mucho su música, su danzas tradicionales, de hecho he aprendido algo y hasta máscaro unos pasos. Cuando escucho el tambor, mi corazón palpita mucho: más fuerte y rápido”.

Coni Lustenberger

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